«LA IMPORTANCIA DE ESCUCHAR»

Encuentro de Cham Kiu, impartido Noviembre de 2013.

Experiencia de Jose Manuel Casanueva

 

José Casanueva practicando Wing chunEl concepto de «crear el puente», que es Cham Kiu, es fácilmente entendible a nivel marcial. Es comunicarte corporalmente con el otro, con el objetivo de poder «ver» en el momento la debilidad que te muestra, siempre y cuando le estés escuchando. Para eso tiene que haber comunicación. Esto es el puente.

Paralelamente, la idea de Vida Kung Fu (Sam Faat), heredada del Patriarca Ip Man y con el lugar privilegiado en que la mantuvo el Gran Maestro Moy Yat, la incorporé a mi aprendizaje marcial, teniendo clara la importancia de conocer a la gente en cuanto a estar preparado para una situación de conflicto. Hablando en plata, cuanto más desarrolles las habilidades sociales, mejor preparado estarás para reaccionar adecuadamente en una situación de conflicto. Vida Kung Fu para mejorar mi Kung Fu.

Nuestro Si Gung Leo Imamura nos enseñó a través de una conversación, sin ninguna explicación teórica, que el proceso también va en el otro sentido; es decir, que la práctica y el estudio del Ving Tsun (Wing Chun / Wing Tsun) potencia la experiencia de Vida Kung Fu en el contexto de nuestra Familia Kung Fu (Familia Moy Ma Si Lou) y más allá. Y lo hizo creando un puente de comunicación entre todos nosotros basado en la libertad de expresión y la obligación de escucharnos entre nosotros, responsabilizándonos de tener en cuenta cualquier punto que se planteara.

Al día siguiente me dirigí al descarnado campo de batalla, donde la realidad es siempre ineludible… ¡el colegio! donde imparto a chicos que cursan la ESO (adolescentes de entre 14 y

 

16 años). Son bien simpáticos pero piensan en cualquier cosa menos en la materia. El aula es un modelo de repetición de pautas de comportamiento social. Es decir, cada uno a lo suyo, varias personas hablando a la vez y una eficacia resultante cuanto menos insultante por ridícula. Decidí aplicar lo aprendido, a ver qué pasaba. Les dí la libertad de razonar sobre la importancia relativa de los diferentes aspectos de la asignatura y el protagonismo de tener derecho a expresarse.

Les obligué a respetarse entre ellos valorando en su justa medida todos los puntos de vista.  Llegamos a varios acuerdos de mutuo consenso en lo que se refiere a cómo trabajar la asignatura, especialmente en lo que se refiere al tiempo dedicado a cada aspecto a tratar. En todas las clases conseguí silencio y atención total en menos de 10 minutos (si estuviera escribiendo sobre pa

pel, aquí  habrían caído un par de lágrimas de emoción al recordarlo). Hoy, dos semanas después, con sus altibajos, cada día de clase hacemos lo pactado. La atención ha mejorado muy notablemente (gran logro con un equipo de trabajo, el alumnado, que está allí por obligación) y trabajar resulta mucho más gratificante para mí.

Escuchar al otro supone darle el protagonismo que todos y todas merecemos. Supone quitarnos a nosotros mismos el falso protagonismo prepotente que nos sugiere nuestro ego. Supone compartir la vida. Y de paso, menos esfuerzo y mejores resultados, ya que cambiamos el modelo jerárquico de imposición y «aceptación» por el horizontal de »colaboración». Y yo que me metí en esto para aprender a pelear…

Jose Manuel Casanueva

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